El Hijo de la Cómica llega al Teatro Bellas Artes como una de esas citas que trascienden el mero entretenimiento para convertirse en un acto de memoria, gratitud y amor al oficio. El próximo 29 de abril de 2026, el escenario de este histórico teatro madrileño acogerá a José Sacristán en una propuesta íntima, profundamente personal, donde la palabra, el recuerdo y la escucha son los auténticos protagonistas.
El Hijo de la Cómica es, ante todo, un homenaje. Un homenaje a la genealogía humilde y luchadora de Sacristán, a esa bisabuela Fernanda “la rubia” de Valdelaguna, a la costurera Carolina que cuidó su infancia, a tantas mujeres invisibles que sostuvieron familias enteras con sus manos y su talento silencioso. También es un tributo a la cómica, a esa madre y a esa tradición teatral popular de la que el propio actor se reconoce heredero y de la que nace el título: el nieto de la costurera, el hijo de la cómica.
Pero El Hijo de la Cómica es también un diálogo emocionado con la figura de Fernando Fernán-Gómez. Sacristán confiesa que, si Delibes le enseñó a mirar, Fernán-Gómez le enseñó a escuchar. Durante años tuvo el privilegio de estar cerca de él, de oír sus historias, sus dudas, sus miedos, su ironía y su lucidez. En este espectáculo, esas voces regresan: la de Fernán-Gómez recordando a su propia familia, la de su abuela, la de Carola, la de María, la criada analfabeta que amaba la poesía, la de Florentina y aquel “joder qué piernas” de su novio. Voces de un país y de una época que se entrelazan con las del propio Sacristán.
En escena, El Hijo de la Cómica se construye como un tejido de recuerdos, lecturas y evocaciones. Hay ecos de Baroja, de Galdós, de Barea, pero también de los novelistas de aventuras que alimentaron los sueños de un niño que quería ser “alguien”, quizá Jackie Cooper en La isla del tesoro, quizá escritor de novelas a lo Salgari. Ese niño soñador, el meritorio con su puñado de castañas pilongas en el bolsillo, el joven enamorado y con prisa, todos encuentran su lugar en la voz madura de Sacristán, firme, melancólica y orgullosa.
El Teatro Bellas Artes, ubicado en la calle Marqués de Casa Riera, en pleno corazón de Madrid y en la planta baja del edificio del Círculo de Bellas Artes, se convierte en el marco ideal para este encuentro con la memoria. Inaugurado en 1961, este espacio ha sido escenario de algunos de los títulos más importantes del teatro español contemporáneo y hoy sigue siendo una referencia imprescindible para las artes escénicas en la ciudad. Su carácter cercano, su aforo contenido y su cuidada acústica favorecen justo lo que propone El Hijo de la Cómica: escuchar. Escuchar con atención, con respeto y con emoción.
Para el espectador, El Hijo de la Cómica es una invitación a sentarse a oír como antes se escuchaba a los mayores en la mesa camilla o en el patio del pueblo. No hay artificio excesivo ni pirotecnia escénica; lo que importa es la palabra dicha, la cadencia, el silencio entre frase y frase, la respiración que acompaña un recuerdo doloroso o una anécdota luminosa. Sacristán confía en que el público le escuche con una emoción parecida a la que él sentía escuchando a Fernando, y en esa confianza se apoya la fuerza del espectáculo.
Hablar de El Hijo de la Cómica es hablar también de la trayectoria de José Sacristán, uno de los grandes nombres de la interpretación en España. Nacido en Chinchón, Sacristán ha encarnado como pocos la transición del cine y el teatro españoles desde los años del blanco y negro y la censura hasta la contemporaneidad. Protagonista de inolvidables películas y montajes teatrales, ha sabido conjugar la popularidad con un respeto absoluto por el oficio, construyendo personajes llenos de humanidad y verdad. En los últimos años, ha destacado especialmente en propuestas escénicas que dan un papel central a la palabra y al texto, confirmando su condición de actor de largo aliento.
El vínculo de Sacristán con la literatura, evidente en El Hijo de la Cómica, no es casual. A lo largo de su carrera ha llevado a los escenarios textos de autores clave de la narrativa española y universal, acercándolos al gran público con una mezcla de rigor y cercanía. En este nuevo trabajo, esa relación se hace todavía más íntima: los ecos de Delibes, Baroja, Galdós o Barea no son solo referencias cultas, sino huellas emocionales de un lector voraz que encontró en los libros una forma de entender el mundo y de encontrar su propio lugar en él.
El Hijo de la Cómica propone, así, un viaje por la memoria personal y colectiva de un país que ha cambiado profundamente en unas pocas décadas. Historias de supervivencia, de ausencias, de miedo, de esperanza y de sueños de libertad se van encadenando en la voz del actor hasta construir un fresco conmovedor de la España del siglo XX: los pueblos, los oficios humildes, el hambre de cultura, el deseo de “llegar a ser alguien”, de salir adelante a base de tesón, talento y trabajo.
El espectador que se acerque al Teatro Bellas Artes el 29 de abril de 2026 no solo verá un espectáculo; formará parte de una escucha compartida. Se encontrará con El Hijo de la Cómica, sí, pero también con la costurera, con la cómica, con e


